11/9/10

Maestro

Entró como loco y caminaba con pasos largos y fuertes sobre la tarima del frente del aula, sí, aula antigua, positivista.

Batía entre sus dedos un pequeño tubo de vidrio con líquido adentro.

Mientras nos miraba a unos y a otros, no con cuatro sino con ocho ojos, portaba esos tremendos culos de botella.

Preguntaba ¿qué es?, ¿qué es?.

Agua! le mandamos unos cuantos.

No, no es agua, ¿qué es?.

Continuamos nombrando líquidos similares al agua, ponele, alcohol.

Bencina!

Glicerina!

Ácido!

No es eso tampoco, ¿qué es?.

Y no, y no.

Y no dábamos en la tecla ni por asomo.

La intriga, a esas alturas, era más grande que el sueño que portábamos, imaginate 16 años rebeldes, desganados, enquilombados, hiperhormonizados...

Cuando nos habíamos entregado ya a nuestra suerte de desconocer cabalmente el contenido del tubito ese, él continuaba paseándose por la tarima.

Entonces mirándonos fijamente a los ojos, dijo: ES AIRE, AIRE, AIRE LÍQUIDO.

Y fue una lluvia de preguntas, de dudas y hasta un par de discusiones ...

Y nos ganó lejos.

a Miguel Angel Pereyra, inolvidable profesor de física.