Mostrando entradas con la etiqueta vientos de guerra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vientos de guerra. Mostrar todas las entradas

23/8/09

vientos de guerra (3)

::

Volvió una tarde, no lo esperaba.

Reencontrar sus gritos emocionados, salto en la silla, ojos desorbitados.

Regresó el hombre que habíamos perdido, el que nos secuestraron.

Nos devolvieron las tardes silenciosas del barrio con las rupturas efervorizadas.

Retornaron 45 minutos continuos sin zaping insaciable (increíble).

El recuerdo muchas veces es sólo un clima, una ambientación, una multitud de silencios expectantes y estallido estridente a unísono perfecto, gestos, posturas, de toda una cuadra o un barrio, o un país (moco e´pavo eh).

Entonces nos quedará coser o cocer, no cambies por otra la letra, no habrá, ni cambies a canal de películas amargas.

Vientos de guerra de género retornan.

Que Chávez se apiade de nosotras.

Que Clarín y TyC reinen por siempre nuestros medios.

Amén.



PD: quién nace en el secuestro muy probablemente no lo perciba como tal. Bienvenidos, así eran nuestras tardes. Cristina no derrapó un carajo.

::

21/8/09

vientos de guerra (2)

::


- má, ¿podemos venir a casa y hacemos unas hamburguesas ...?

- ¿cuántos son?

- el tal, la tal, el tal ... - cuenta dedo a dedo - somos siete.

- bueno - digo con ese arcaico convencimiento que reza "es mejor antes que estén en la calle".

Puse una sola condición - "las hamburguesas se las hacen ustedes" que yo tengo que terminar un trabajo.

Hicieron las compras con una vaquita y par de gaseosas.

Y entraron, medios apretujados en el poco espacio y menos sillas, no fue la primera vez. Hubo otras, en las que jugamos a las cartas con intentos de iniciación truquera que terminaron en el ¡chancho! que pega en la mesa.

Ya había pasado lo que se dice una eternidad desde la última vez, algo así como 6 meses.

Las hamburguesas las hice yo, con alguna que otra leve ayuda, acaso ¿había alguna duda sobre la idiotez de mi única condición?

Algo nuevo, raro, extraño, noté: estaban cabizbajos por tiempo prolongado, no hablaban.

Observé a Tal jugando a no sé qué, Tal con los auri escuchando cumbia, Tal escribiendo y Tal con dos, no con uno sino con DOS CELULARES en mano mirando uno y otro, y escribiendo.

Mis gritos, cual directora de escuela (nunca labios pintados, eso, ni con todo mi esfuerzo) comenzaron a surgir, sí, casi inconciente.

Me miraban un poco, se sonreían, mi hija se enojó - qué te metés ! - pero no largaban ni ahí los malditos aparatejos.

Sí, les saqué de las manos a esos malditos.

Si habré criticado a los docentes, que lo tiró.

Pasado un buen rato, se fueron, parece que "en la calle se sentían mejor".

Y yo a terminar mi trabajo en la otra maldición.

Vientos de guerra.

Que Chávez se apiade de nosotros.

Que los servicios de competencia reinen en nuestros suelos por siempre.

Amén.

::